martes, 2 de diciembre de 2014

K

Si recordar tuviera
Encontraría la pregunta que te hice
Por aquel libro sobre el escritorio.

Era inevitable encontrar tus ojos
cuando atravesabas el A1
                                 y cuando salías a tomar un respiro.

Ahora Cortázar me daba un empujón.
Más tarde, me llamaba a hacer parte de tu juego
De tu tiempo invertido,
                                tu afán.

Qué divertido fue entonces 
Ser esa descarga de preocupación
Y encontrarte relajada caminando en las fechas de parciales.

¿Cómo fue entonces que encontré en ti,
mi bella diseñadora,
esa sensación de tranquilidad, de afecto?

No lo sé.

Más tarde, deteniendo mi vista innumerables veces
me encontraba ya acompañado por la suerte
De poder abrazar el borde de tu cuerpo
                                                        de tomar tu mano
De susurrarte al oído:
-Espera...
De cargarme de valor tras un largo silencio
y decirte que te quiero.

Te quiero K.

Ojos de avellana
De color cambiante
                          de temperatura afable
Que se pierden en los detalles
                                      y que viajan por lo desconocido
Hasta encontrarlos reflejados en los míos.



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